Charlando con Gonzalo López Larráinzar

Una entrevista con uno de los sastres más importantes y conocidos en España

Mostrando: oxford legate de la línea Maestro de Meermin

Review de uno de los modelos de la línea superior de Meermin Mallorca.

Libros imprescindibles sobre elegancia y estilo

No te quedes sin conocer los principales libros dedicados a la elegancia y el estilo.

Mostrando: Corbatas de tricot de TM Lewin

Un ejemplo de los complementos que ofrece esta camisería inglesa.

Mostrando: camisas de Charles Tyrwhitt compradas a través de su web

Review de una de las marcas de camisas con mejor relación calidad-precio del mercado

Diseñando el look de James Bond



James Bond es un personaje que atrae la atención de públicos de lo más variopinto, desde los que admiran su estilo o su personalidad hasta los que simplemente disfrutan con la acción de sus películas.

Este verano, el Barbican de Londres celebra su 50 aniversario, desde que se estrenara el Dr. No en 1962, con una exposición que abarca todo el diseño y estilo del mundo del agente 007: vestuario, armas, automóviles, efectos especiales, etc.

Quien tenga la suerte de asistir, ¡que nos lo cuente!


El dandi en el diván. Capítulo 3 - El museo.


¿Sabe? Me encantan los museos. Pero los clásicos, quizá por ese aire de antigüedad que se respira en sus pasillos. Nada de museos modernos que carecen del encanto de las paredes plagadas de historia o de suelos pisados por multitud de generaciones, ni esos llenos de cuadros con colores insufribles y formas ininteligibles. No, eso no son museos, son galerías sin el más mínimo gusto estético... Hmm, pone usted cara de no estar muy de acuerdo... ¿no es tarea del psicólogo mantener las opiniones fuera del juego? Pero a lo que íbamos... disfruto de los museos. Voy a menudo, y me maravillo del arte que me traslada a épocas pasadas, algunas de ellas con cuya forma de vida probablemente me habría sentido más identificado... ah, el siglo XIX, ahí todavía se tenía cierto sentido del decoro... y del gusto. Cambie el probablemente por un sin duda en sus notas. Estoy convencido de ello.

Y uno se siente identificado, mimetizado con esas épocas mientras pasea por paredes de palacetes antiguos... hasta que se cruza con la pareja de turistas de turno, ataviados con pantalón corto repleto de bolsillos, sandalias de dudoso gusto y camiseta sudada... mientras yo me siento raro por dejar la corbata en casa. Por Dios, doctor, yo voy más decente a la playa... Supongo que no se puede exigir a todo el mundo el conocimiento perfecto de las normas en el vestir... (me estoy volviendo un blando) pero al menos algo de amor propio... El calor en esta época del año ciertamente no acompaña ni hace fáciles las salidas de casa y el abandonar el bienestar de un salón con aire acondicionado... pero un museo es un museo y cada momento requiere su etiqueta.

No obstante, pensándolo bien, poco más se puede pedir a quien no sabe ir correctamente vestido ni siquiera a una boda... ¿Cree usted que cuando vayan a un museo dentro de 200 años verán figuras de hombres vestidos con pantalón corto, sandalias y camisas sudadas?

Continuará...

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Capítulo 1: Introducción
Capítulo 2: La boda

Shooting del catálogo FW 2012/13 de Brioni


Hoy os traigo un vídeo a modo de "cómo se hizo" del shooting fotográfico para el catálogo Otoño-Invierno de la firma italiana Brioni, realizado por Aaron Olzer.

Parece que este año proponen... ¡llevar barba! entre otras cosas, por supuesto :-)

El dandi en el diván. Capítulo 2 - La boda.

Ilustración de Lawrence Fellows - 1934


Me aburren tanto las bodas... ya ni siquiera son lo que eran. Antes había un código, una norma, una tradición. El chaqué para ellos y, para ellas, diferente según fuera la hora del enlace... ¿dónde quedan ya esas prácticas? Ahora las bodas se han convertido en un espectáculo, sí, pero lamentable. Me juego con usted este par de gemelos a que ni siquiera el diez por ciento de los asistentes a una boda llevan los zapatos adecuados. Voy a cualquiera de ellas y sólo veo un mar de mocasines mal cuidados, sucios y, por supuesto, fuera de todo lugar. Ya nadie lleva oxfords... por Dios, ¡ya casi nadie sabe lo que es un oxford! Ni siquiera unos monks... Y si al menos todos fueran negros, bien, pero ¡ah! Ni eso... De verdad que esta ansiedad se me acentúa cuando no me queda más remedio que asistir a una boda. Y le aseguro que hago todo lo posible por evitar estas obligaciones. Como habrá podido adivinar, tengo que asistir a una el próximo fin de semana.

Últimamente, dadas las circunstancias he decidido, como suele ser habitual, ir en contra de la corriente, pero intentando no llamar demasiado la atención. Para eso ya están las novias, y suele ocurrir que no para bien. Así que vestiré un traje azul marino, de sastre, por supuesto, y obviamente con oxfords negros (cualquier duda al respecto ofende). Camisa de puño francés a rayas celestes y blancas, con cuello blanco, una preciosa corbata 7-folds y un pañuelo de seda. ¿Sabe usted lo que son los pañuelos, verdad? y que una chaqueta tiene el bolsillo para algo, ¿no? Creo que a usted tampoco le vendrían mal ciertas nociones de estilo, doctor, si me permite el consejo. 

En fin, qué le voy a decir, en Italia estas cosas no suceden. Allí cualquier caballero que se precie se sentiría desdichado si no fuera excepcionalmente vestido (aunque debo decir que esto también obedece a determinadas convenciones sociales y mitos infundados, pues yo he asistido a bodas y no todo el mundo en Italia tiene tanto estilo como se piensa...). Ah! lo que aquí buscan las mujeres, aunque no siempre acierten, allí lo buscan los hombres. Aquí con suerte encuentras quien no use el mismo traje para todo... bodas, bautizos, comuniones y cualquier reunión o entrevista de trabajo. Sí, ese traje de hombros anchos y mangas kilométricas, con brillos por doquier por el roce y el uso... con camisas con cuello de botón y corbatas mal anudadas. De verdad, ¿cree usted que así se puede asistir a una boda? Si es así, le cedo mi invitación.


Continuará...


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Capítulo 3: El museo

El dandi en el diván. Capítulo 1

Hoy quiero compartir con vosotros el primer capítulo de una serie que estoy escribiendo para otros temas. Se trata de una visión de lo que sería la personalidad de un dandi en nuestros días. Este personaje irá desarrollando diferentes temáticas, siempre desde el punto de vista de la elegancia y el saber estar.

El dandi es un personaje irreverente, sibarita, extremadamente sincero y sin reparos que, en esta serie de artículos, visita al psicólogo para compartir con él la ansiedad que le corroe ante la visión del mundo en el que vive y que, por supuesto, corre vertiginosamente en contra de sus valores, pensamientos y actitudes.

Espero que os guste.


Últimamente, quizás más de lo habitual, mi paciencia se vuelve más selectiva. Tendrá usted que perdonar mi, puede llamarlo como quiera, ¿esnobismo? ¿elitismo? ¿buen gusto? Yo, la verdad, me inclino por esta última. No lo llamaría esnobismo, pues siempre he sido de la misma opinión, ni tampoco elitismo, pues lo que mis sentidos reclaman debería ser accesible a cualquiera, si bien, visto lo visto, parece que estoy equivocado. Simplemente mis requisitos se están viendo más... acentuados. Me inclino por tanto, sin ninguna duda, por el buen gusto. ¿Qué le puedo decir? Este último mes no he invitado a nadie a cenar a casa, ni siquiera a tomar café. Busco excusas miserables que incluso veo indignas de mí, casi tanto como los posibles invitados. Me aburren. Soberanamente. Sólo pensar en las posibles conversaciones tras un sabroso café me produce hastío y me enerva desperdiciar tal maravilla en tan insulso parloteo. La gente ya no sabe hablar más que de crisis, de bancos, de políticos y de fútbol. Y normalmente en ese orden. "Oh! esta crisis que no acaba nunca, que es todo culpa de los bancos, bueno, y también de los políticos, bla bla bla... pero siempre nos quedará el fútbol". Así una y otra vez. Me aburren. Ya nadie habla de cine y, cuando lo hacen, es para ensalzar la última película de no sé qué actorucho de pacotilla, que tal vez no haya sabido ni sabrá nunca actuar, pero es, según las revistas, muy atractivo. Yo mientras tanto sigo disfrutando de El Padrino en versión original o de películas cuyo título la mayoría acompaña con un ceño fruncido y una expresión de desatada estupidez.

Igual soy una especie en extinción, de hecho creo que lo soy. Ya nadie manda notas de agradecimiento, nadie envía flores ni llama pidiendo disculpas por retrasarse unos minutos. Todo parece dar igual. ¿Crisis? Podría yo hablarle de la verdadera crisis... y no mencionaríamos en ningún momento la moneda única ni a Ángela Merkel. Tampoco diré que es una crisis de valores, pues ese discurso se lo dejo a los obispos. Yo hablo de una crisis, precisamente, de aquello de lo que hablábamos al principio: de buen gusto. Si quiere podemos llamarlo elegancia o, simplemente, saber estar. Estoy harto de escuchar "yo soy de la generación en que nos enseñaban a decir por favor y gracias" y cargar contra la juventud... pero quien lo dice también está lejos de merecer el más mínimo respeto, pues pertenece a la generación que debió encargarse de que los jóvenes también recibieran dichas enseñanzas. Yo no vengo de noble cuna y nadie me enseñó a vestir ni a hacer un nudo windsor y ya se sabe que una corbata bien anudada es el primer paso serio en la vida*. Lo que falta hoy día es buen gusto, y quien lo posee, busca y aprende aquello que no le ha sido enseñado. No señor, ni los ricos son elegantes ni los pobres están condenados a no serlo. ¡Qué cansado estoy de ver trajes de renombre en la etiqueta mal llevados, mal elegidos y mal conjuntados...! ¿Y me pregunta usted por qué me estoy volviendo tan "selectivo"? Dé usted una vuelta por el centro de la ciudad y hablamos la semana que viene.
Continuará.

* Frase de Oscar Wilde en "La importancia de llamarse Ernesto".

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Elegancia durante el verano

Luca Rubinacci con pantalones y chaqueta de lino. Foto: Rubinacci Club

Si ya es habitual que la mayoría de los hombres pierdan todo el estilo que muestran vestidos de traje cuando visten de manera más informal, el verano suele ser el peor enemigo de la elegancia. A medida que se acerca la época estival, el hombre tiende a perder el sentido del estilo y el gusto con la misma rapidez que suben las temperaturas. Sobre todo en nuestro país, donde el termómetro puede alcanzar cifras realmente poco agradables, hay quien decide prescindir de prendas, olvidando por completo que uno debe ir, ante todo, presentable. Cuando llega el calor, por mucho que nos apetezca desabrochar botones de la camisa o cambiar los pantalones largos por unos cortos, hay que ser conscientes de qué prendas se pueden vestir en cada momento y para cada ocasión.

Es fundamental tener en cuenta los tejidos de las prendas, cambiando en esta época las lanas y franelas por el lino o el seersucker, o los zapatos cerrados con calcetín por zapatos más cómodos como puedan ser los drivers o mocasines más sport sin calcetines, cuando se trate de vestir casual. Sin duda, siempre será más adecuado vestir directamente un polo que abrir demasiados botones de la camisa. Será también siempre más elegante una camisa de manga larga aun remangada que una camisa de manga corta que, desde mi punto de vista, deberían reservarse para personas de mayor edad para las que combatir el calor no es tan sólo una cuestión de comodidad, sino de salud.