Charlando con Gonzalo López Larráinzar

Una entrevista con uno de los sastres más importantes y conocidos en España

Mostrando: oxford legate de la línea Maestro de Meermin

Review de uno de los modelos de la línea superior de Meermin Mallorca.

Libros imprescindibles sobre elegancia y estilo

No te quedes sin conocer los principales libros dedicados a la elegancia y el estilo.

Mostrando: Corbatas de tricot de TM Lewin

Un ejemplo de los complementos que ofrece esta camisería inglesa.

Mostrando: camisas de Charles Tyrwhitt compradas a través de su web

Review de una de las marcas de camisas con mejor relación calidad-precio del mercado

Nuestra forma de vestir y lo que comunica

La comunicación es fundamental en el éxito de cualquier interacción entre personas. De hecho, cómo uno se comunica construye en amplia medida cómo se le percibe, y eso, para los demás, es la realidad. Pero, cuando se habla de comuniación, es muy importante tener en cuenta que la palabra no lo es todo, por lo que no hace falta ser Obama para ser un buen comunicador. La parte más importante de la comunicación está, casi siempre, en los gestos y la imagen. De hecho sólo entre un 10 y un 15% de lo que comunicamos sale de nuestra boca.

En innumerables ocasiones, ni siquiera es necesario decir una palabra para que nuestro interlocutor ya se haya hecho una imagen de nosotros. Por esta razón la imagen es tan importante. Así, aquello que vestimos dice mucho más de nosotros de lo que podemos imaginar. Por tanto, a la hora de vestir hay que saber perfectamente lo que se quiere y por qué. No entraré aquí a discutir lo bueno o malo de la importancia de la imagen, o que lo verdaderamente importante está en el interior. Por supuesto. Sin embargo, es un hecho demostrado que la primera impresión viene de la imagen y, nos guste o no, tiene una fuerza increíble. Sin duda habrá gente que con una conversación consiga encandilar y seducir a cualquiera. No obstante, una mala primera  impresión se lo hará mucho más complicado.

Pongamos como ejemplo la figura de James Bond. Nuestra percepción es de un tipo seguro de sí mismo y muy elegante. Sin embargo, esta imagen ya la tenemos antes de que diga su primera palabra en la película. No importa el actor que haya encarnado al personaje a lo largo de las últimas décadas, todos tienen una cosa en común: la exquisitez en el vestir. Esto es fundamental a la hora de crear el personaje y está estudiado hasta el más mínimo detalle para ajustar cada prenda al cuerpo del actor.

Vestir con confianza no consiste en dar toda la importancia a la ropa y escondernos tras ella, sino todo lo contrario: se trata de usar aquellas prendas que nos resalten a nosotros y, por tanto, queden en un segundo plano dando importancia a aquello que nosotros podemos ofrecer, mitigando además las inseguridades que pudieran acompañarnos. A través de nuestra forma de vestir comunicamos al mundo qué imagen queremos que tenga de nosotros. Por tanto, ¿no será recomendable tener mucho cuidado con este aspecto? Parafraseando a Epicteto: "Primero aprende el significado de lo que dices y, luego, dilo".

Entonces, ¿qué implica vestir bien?

A nadie se le ocurriría, por ejemplo, acudir a una entrevista de trabajo con pantalón corto y chanclas (a no ser que busque trabajo en un chiringuito en la playa). ¿Por qué? Básicamente porque se pretende dar una imagen de profesionalidad y seriedad. Tampoco acudimos de cualquier forma a una cita, porque pretendemos agradar a la otra persona y demostrar elegancia y buen gusto.

Vestir bien, en los términos que hemos ido viendo y proponiendo en los artículos de este blog, expresa clase, personalidad y elegancia. Es una forma de presentarnos ante los demás demostrándoles, ante todo, respeto. Es decir, vestimos para nosotros mismos pero, indudablemente, también para los demás. Sin embargo, como bien sabemos, no son éstas características las más pretendidas o buscadas, o quizá se trata a un error de conceptualización, pero desde luego no se ven por la calle muchos hombres elegantes, con clase y personalidad a la hora de vestir. De nuevo, lo que vestimos dice mucho, muchísimo, de quiénes somos.

Lo más importante de vestir bien es, sin duda, que cualquier hombre puede hacerlo si se lo propone, incluso aquellos que nunca han oído hablar de un zapato brogue o un pañuelo ascot. Vestir bien implica, sobre todo, conocer tu cuerpo y las posibilidades de ensalzarlo y aprovecharlo a la hora de vestir. Vestir bien no es coger una revista de moda y llenar tu armario con todas las cosas que en ella aparezcan, sino comprar aquellas prendas que realmente te vayan bien. Vestir bien es, para quien escribe estas líneas, saber aunar tanto la corrección en la hechura de las prendas como una correcta combinación de colores, tejidos y diseños. Vestir bien, en los términos que desde este blog entiendo, es buscar antes la elegancia y, a partir de ésta, el estilo. Nunca al contrario.

El zapato brogue

Hoy me gustaría daros algo más de información sobre los zapatos brogue, perfectos para una situación poco formal pero aportando ese plus de elegancia que tal vez pierden los loafers o mocasines (si bien algunos modelos de estos son realmente preciosos).

Como creo que ya he señalado en alguna ocasión, el zapato brogue nace en el campo, concretamente en Irlanda y Escocia, donde se hacían pequeñas perforaciones en la piel de los zapatos para facilitar el paso del agua a través de ésta y que no se quedara dentro cuando se cruzaban zonas pantanosas o ríos. Dado este origen, tradicionalmente se ha considerado el brogue como un zapato apto sólo para el campo o, al menos, el exterior, nunca para una ocasión formal o un entorno de trabajo. Sin embargo, los tiempos cambian y este zapato se ha ido haciendo hueco entre los más clásicos incluso en ocasiones en que se viste de traje (cabe aquí recordar que hace un siglo el traje, hoy prenda considerada formal, era el atuendo casual por excelencia). Pero, ¿de dónde viene este nombre? Igual que el zapato, el nombre viene del término gaélico "bróg", que viene de la antigua palabra nórdica "brók", que significa "que cubre la pierna". Tiene mucho sentido teniendo en cuenta los orígenes del zapato del que hablamos. Tal vez sea una información inútil, pero al menos curiosa.

Se podría decir, y a menudo se definen así, que el zapato brogue es cualquier zapato de los que podamos conocer añadiendo perforaciones de diferentes formas como parte de su diseño.
Podemos encontrar, como hemos visto en anteriores artículos, varios modelos de brogue shoe: full-brogue (también conocido como wingtip), semi-brogue, quarter-brogue (o legate) y el spectator (o co-respondent en inglés británico). Siempre es necesario seguir una regla básica: a más perforaciones, menos formal.

El wingtip, o full-brogue (en la imagen), es probablemente uno de los modelos más conocidos y usados. Se trata de un zapato con un frontal característico en forma de W o de ave con las alas abiertas hacia el frente (imagen de la que toma el nombre), que se extienden a través de las palas del zapato. Este zapato contará con perforaciones en la puntera del zapato y, además, a lo largo de todas las costuras del mismo. En ocasiones podremos encontrar modelos wingtip donde no aparecen estas perforaciones, que serán conocidos como austerity brogues. Cuando encontramos las perforaciones en la puntera de un modelo plaintip estaremos ante un blind brogue. 

El semi-brogue, a diferencia del primero, no tiene la puntera en forma de W, sino que presenta una puntera recta con perforaciones similares a las del full-brogue, como puede verse en la imagen. También tendrá perforaciones en las costuras. Este diseño lo presentó por primera vez John Lobb en 1937, como una opción más formal que los wingtips. Sin duda hoy día son perfectos para vestir con traje en la oficina o para eventos que no revistan demasiada formalidad, nunca para una boda o similares.

Los co-respondent, o spectators, son aquellos zapatos tipo full-brogue cuyo frontal en forma de W presenta un color diferente del resto del zapato. Estuvieron muy de moda en los años '20 y '30, pero hoy en día es extraño verlos. Sin embargo, algunos de las más prestigiosos fabricantes siguen contemplándolos en sus catálogos año tras año. Además, se fabrican algunos modelos similares, jugando con el ante y el cuero que son realmente bonitos (com los que pueden verse en la imagen de abajo a la derecha).


El quarter brogue es aquel zapato que sólo presenta perforaciones en las costuras del zapato (y no necesariamente en todas, como puede verse en la imagen). Éste es sin duda el más formal de los zapatos brogue, prácticamente igual al oxford toecap clásico que usaríamos para cualquier evento formal. En negro, ciertamente, sería casi admisible utilizarlo en una ocasión formal, siendo únicamente los más puristas quienes encontrarían alguna pega al respecto.

Una vez conocidos los distintos modelos de brogue, ¿cómo se utilizan? ¿Es mejor en negro o en marrón? ¿Cuándo puedo ponerme un zapato brogue? Las respuestas a estas preguntas ya han quedado respondidas en su mayoría en diferentes artículos e incluso en este mismo. Hoy día, aun habiéndose incluido entre los que consideramos "zapatos formales", el brogue queda excluido de las ocasiones de mayor formalidad, como puedan ser bodas, bautizos, etc. Sin embargo, tienen amplia cabida en ocasiones de negocios o que requieran menor formalidad, también con traje. De hecho, en el primero de nuestros looks semanales, recomendaba utilizar el traje gris que aparecía en imagen con unos oxford semi brogue en tono burdeos. Siempre habrá que seguir una máxima clara: a mayor decoración, menos formalidad. En cuanto al color, hace unos años sería casi obligatorio vestirlos en negro en caso de utilizar con traje. Hoy día hay incluso quien dice que el marrón oscuro es el nuevo negro. Lo dejo a vuestro criterio. En ocasiones más casual, sin duda optaría por el marrón.